El primer juego de ordenador del mundo

Hace 100 años el ingeniero español Leonardo Torres Quevedo construyó el que muchos consideran primer juego de ordenador de la historia: el Ajedrecista, un autómata capaz de jugar un final de rey y torre contra un adversario humano.

El Ajedrecista nació en 1912 y dos años más tarde se presentó en sociedad en la Feria de Paris donde se convirtió en la sensación del momento. El 6 de noviembre de 1915 la revista “Scientific American” publicó un artículo sobre el autómata bajo el título «Torres and His Remarkable Automatic Device» («Torres y Su Extraordinario Dispositivo Automático»).

En una primera versión la máquina movía las piezas mediante unos brazos mecánicos que después se sustituyeron por imanes. No se podía engañar al Ajedrecista, era capaz de detectar movimientos no permitidos y siempre ganaba ya que siempre empezaba en un movimiento desde el cual no podía perder nunca.

El Ajedrecista no fue la única muestra del ingenio y creatividad de este singular ingeniero. Leonardo Torres Quevedo fue la segunda persona en la historia en demostrar el  control remoto inalámbrico ( el primero fue Nikola Tesla en 1893).

Realizó dos demostraciones de su invento en el Puerto de Bilbao maniobrando un bote a distancia  desde la terraza del Club Marítimo del Abra. En la segunda  ocasión contó con un espectador de lo más ilustre:  el mismísimo Rey Alfonso XIII. El Telekino era capaz de ejecutar las órdenes que recibía  mediante transmisión por ondas hertzianas

Fue tal la importancia del Telekino que, en el año 2006 el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) consideró que se trataba de un “Milestone”, es decir, un hito para la historia mundial de la ingeniería.

En 1902 Leonardo Torres Quevedo presentó otro de sus inventos, un nuevo tipo de dirigible que fue muy utilizado por los aliados durante la I Guerra Mundial y diseñó el famoso dirigible “Hispania” con el que pretendía realizar desde España la primera travesía del Atlántico. Por desgracia, el viaje no se llevó a cabo por problemas de financiación.

Leonardo Torres Quevedo cuenta además en su haber ser el constructor del funicular sobre el río Niágara que actualmente sigue en funcionamiento y se ha convertido en un gran atractivo turístico. Es responsable también de otros muchos inventos, entre los que destacan diversas Máquinas de Calcular.

Leonardo Torres Quevedo tenía su laboratorio en la madrileña calle del Marqués de Riscal en el Frontón Beti-Jai, un edificio con mucha historia pero que se encuentra actualmente en ruinas y abandonado. Y la pieza original de “El Ajedrecista” se conserva en la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid.

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