Thomas Paine y su ajetreada vida tras la muerte

Actualizado 20 enero 2023

 

El filósofo y escritor Bertrand Russell cuenta que Thomas Paine fue considerado en su época “una especie de Satán terrenal, un infiel subversivo, rebelde contra su Dios y contra su rey… Su destino fue siempre ser honrado por los pueblos y odiado por los gobiernos”

Thomas Paine.jpgPolítico, escritor, filósofo, revolucionario … Sus ideas tuvieron enorme influencia tanto en la sociedad de su época como en siglos posteriores. Thomas Paine fue un hombre fiel a sus ideas hasta el final, defendió la libertad, la democracia, el pensamiento libre, se opuso a la esclavitud, a la religión y a la monarquía hereditaria. Y todo con un estilo directo, claro e incluso rudo. No es extraño, por tanto, que se ganara muchos enemigos.

Y no se perdió ninguna de las grandes citas históricas de su época.

Nació en Norfolk, Inglaterra, en 1737, de una familia humilde. Tuvo una juventud aventurera, trabajó como marino, industrial, recaudador de impuestos… y de muchos de estos trabajos le despidieron.

En la Guerra de la Independencia americana

En 1774 marchó a América para participar en la revolución de las colonias contra Gran Bretaña y se implicó tan a fondo que está considerado uno de los padres fundadores de Estados Unidos.

Se empleó a fondo y luchó por la independencia de las colonias de muchas formas: como soldado en el ejército de Washington, como secretario del primer Comité de Relaciones Exteriores de los rebeldes y, sobre todo, con el folleto-ensayo contra el dominio británico “El sentido común”, que publicó de manera anónima el 10 de enero de 1776.

Contrariamente a la costumbre de la época el folleto estaba escrito en un lenguaje sencillo, directo, alejado de los términos filosóficos y del latín habituales. Tuvo una enorme repercusión e influencia e inspiró a los colonos en el camino hacia la independencia. Se llegó a publicar la cifra récord de más de 120.000 ejemplares.

En la Revolución Francesa

Tras la constitución de los Estados Unidos, Thomas Paine regresó a Inglaterra como representante del nuevo gobierno, pero tenía habilidad para enfadar a los poderosos y gusto por estar en el ojo del huracán, así que pronto se granjeó la enemistad de la aristocracia inglesa. Cuando en 1789 tuvo que escapar de Gran Bretaña, decidió viajar a Francia para participar en la Revolución Francesa. De nuevo se entregó a fondo por la causa y en 1792 fue elegido para la Convención Nacional  a pesar de no hablar francés.

Un año antes, en 1791 escribió “Los derechos del hombre”. En este escrito atacaba los gobiernos europeos, la monarquía, la aristocracia, … y se ganó una condena, en ausencia, en Gran Bretaña por frases como éstas:

“la aristocracia se mantiene con la tiranía e injusticia entre familias … es naturalmente inepta para dar leyes a una Nación”

 

“la que llamamos sucesión y derechos hereditarios … es imposible que la sabiduría sea hereditaria; y, por otro lado, no puede ser una sabia invención aquella que, en su práctica, comete el gobierno de una nación a la sabiduría de un idiota”

 

“Los hombres nacen y viven libres, e iguales respecto de sus derechos … La nación es esencialmente la fuente de toda soberanía, y ningún hombre o junta de hombres pueden ejercer alguna autoridad, que no derive expresamente de ella.”

Con su facilidad para hacer enemigos, Thomas Paine se granjeó en Francia uno de los peores, Robespierre, y, como era de esperar, acabó en la cárcel en 1793. Se libró de la guillotina de milagro, gracias al golpe de estado de Termidor y la muerte de Robespierre en 1794. Paine aprovechó su estancia en prisión para escribir “La edad de la razón”, una crítica a la religión y la infalibilidad de la Biblia. No es un texto ateo, sino deísta, es decir, reconoce la existencia de un Dios creador pero aduce que sólo se puede llegar a él mediante la razón.

En 1797 escribió “Justicia agraria”, documento en el que afirma que la tierra en su estado natural pertenece a toda la raza humana pero que la propiedad privada es el mejor modo de cultivarla y un derecho inalienable del propietario, a la vez que aboga por la necesidad de una renta para compensar a los que no tienen propiedades:

“un fondo nacional, del cual se pagará a cada persona, cuando alcance la edad de veintiún años, la suma de quince libras esterlinas, como compensación parcial por la pérdida de su herencia natural causada por la introducción del sistema de propiedad territorial”

Thomas Paine nunca quiso cobrar derechos por sus panfletos y durante su vida pasó serios apuros económicos. En 1802 regresó a Estados Unidos, donde muchos le ignoraron y le dieron la espalda. Falleció en Nueva York el 8 de junio de 1809.

Y sus aventuras continuaron

Si la vida de Thomas Paine había sido de todos menos tranquila, tampoco la muerte le trajo la paz.

Para empezar el Quaker Cemetery de Nueva York se negó a enterrarle y fue inhumado en su granja de New Rochelle. Ya había caído en desgracia y al entierro asistieron solamente seis personas. La propiedad había sido un regalo que le hizo en 1784 el Estado de Nueva York en reconocimiento a los servicios prestados en la causa de la independencia.

El diario New York Post le dedicó tras su muerte unas palabras bastante injustas:

“Paine ha vivido mucho tiempo. Hizo algunas cosas bien y mucho daño, que el tiempo juzgará”

Unos años después de su muerte, en 1817, el periodista inglés William Cobbett (que escribía con el seudónimo ‘Peter Porcupine’, Pedro el Puercoespín) decidió que sus restos merecían mejor suerte y esa decisión hizo que los restos corrieran la peor de las suertes.

Cobbett se había convertido en el admirador y defensor más enfervorecido de Paine y concibió el proyecto de enterrar a su héroe en un mausoleo o monumento apropiado. Con tal fin desenterró y robó el cuerpo de Paine y se lo llevó a Gran Bretaña donde pensaba que le rendirían mejor trato que los ingratos americanos que no habían sabido agradecer todo lo que hizo por ellos.

En Inglaterra Cobbett preparó una exhibición del cuerpo de Paine y una suscripción pública con el fin de conseguir dinero para construirle un mausoleo. Pero había calculado muy mal la devoción de los ingleses. No tuvo ningún éxito y no consiguió ni el dinero ni el reconocimiento a Paine. Un poco a la desesperada, acudió a otros métodos menos éticos como vender algunos de los cabellos de Paine. Ni por esas.

Statue of Thomas Paine, Thetford, Norfolk.jpg

La situación fue adquiriendo tonos ridículos y llegó a inspirar canciones infantiles satíricas y hasta unos versos de Lord Byron:

“In digging up your bones, Tom Paine
Will Cobbett has done well;
You visit him on earth again
He’ll visit you in hell.”

 

“En desenterrar tus huesos, Tom Paine
Will Cobbett ha hecho bien;
Tú le visitas a él en la Tierra de nuevo
Él te visitará en el infierno”

Cuando por fin Cobbett se dio por vencido y asumió que nadie tenía interés en Thomas Paine, lo único que se le ocurrió fue guardar los restos bajo su cama. Y allí estuvieron hasta que Cobbett murió en 1839 y el legado pasó a sus descendientes. Después se pierde la pista de los restos, aunque de vez en cuando, a lo largo de los años, aparecía en los mercados algún resto, por lo que se sospecha que Cobbett los vendió como reliquias. Incluso se dice que fue más allá y vendió huesos a los fabricantes de medicinas (eran los tiempos en que todavía se pensaba que el polvo de huesos e incluso el de momias tenía propiedades medicinales)

La cruel ironía de la historia es que Thomas Paine compartió el destino de muchos de esos santos y costumbres clericales en las que nunca creyó, su cuerpo fue troceado, dispersado y algunos restos convertidos en reliquias.

De vez en cuando aparecía alguien que decía poseer un trozo de su cuerpo.

El 14 de octubre 1905 se levantó un monumento a Thomas Paine en la que había sido su granja en New Rochelle. The New York Times de esa fecha se hace eco de los festejos que se celebraron ese día en memoria de Paine, desfile y salvas de honor incluidos, una por cada uno de los 13 estados originales.

Bajo el monumento se enterró una caja verde que contenía una parte del cráneo de Paine. Fue aportado por el Dr. Moncure D. Conway (miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras) que se lo había comprado en Londres a B. Tilley, un sastre admirador de Paine.

Con el tiempo, la “inquina” a Paine se fue diluyendo y, aunque tarde, llegaron reconocimientos. En el año 2002, la BBC realizó una encuesta en todo el Reino Unido para elaborar una lista con las cien personas que los británicos consideraban más importantes de todos los tiempos. Thomas Paine apareció en el puesto número 34.

The New York Post, el mismo diario que en 1809 había dedicado aquellas palabras tan duras a Paine tras su muerte, se hacía eco el 6 de julio de 2014 de la petición popular de cambiar el nombre de la calle Barrow Street en West Village en honor a Thomas Paine. El diario afirmaba que realizar este homenaje era de sentido común.

Thomas Paine Cottage

En Manhattan existe actualmente el Thomas Paine Park y su antigua casa en New Rochelle se ha transformado en un Museo. Allí está el monumento que marca el sitio en el que fue enterrado originalmente y donde aún estaría si no fuera por el exceso de devoción de Cobbett.


Procedencia de las imágenes:

Lo que piensan del trabajo los que más piensan (y algún otro)

Estos días de fin de verano, reencuentros con compañeros de trabajo y vuelta a la rutina, estos días en que la inercia nos lleva a querer seguir de vacaciones pero no podemos, es quizá la época del año en que más reflexiones (normalmente tópicas) nos hacemos sobre la condición laboral.

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En este contexto he querido saber qué pensaban del trabajo mentes más hábiles y ordenadas. Y me han llamado la atención algunas conclusiones inesperadas. He seleccionado unas cuantas:

Facundo Cabral (1937-2011), cantautor argentino dejó una reflexión que da que pensar cuando dijo «Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas».

Lo dijo Franklin D. Roosevelt (1882-1945), que fue presidente de Estados Unidos entre 1933 y 1945, pero muchos reconocerán haberlo puesto en práctica de vez en cuando: ”Siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que sí y ponte enseguida a aprender cómo se hace».

Se atribuye a otro presidente estadounidense, Ronald Reagan la siguiente frase (y reconozco que no me la esperaba): «Algunos dicen que el trabajo duro no ha matado a nadie, pero yo me digo ¿Por qué arriesgarse?»

Seguro que Ken Robinson estaría de acuerdo con John Cleese, uno de los miembros de Monty Python, cuando dijo «Si quiere trabajadores creativos, dales tiempo suficiente para jugar».

Un poco más lejos en el tiempo pero no por ello menos acertada me parece la opinión del filósofo, matemático y escritor Bertrand Russell (1872-1970) quien afirmó que «Un síntoma de que te acercas a una crisis nerviosa es creer que tu trabajo es tremendamente importante».

Uno de nuestros madrileños ilustres, el doctor Gregorio Marañón, decía que » trabajo sin prisa es el mayor descanso para el organismo». Y si lo ha dicho el médico, habrá que hacer caso.

Thomas Jefferson afirmaba “Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que cuanto más duro trabaje, más suerte tengo”. Lo que no te garantiza, –y esto es de mi cosecha– que trabajando duro te vayan bien las cosas.

El genial Mario Moreno Cantinflas lo resumió muy bien: «algo malo debe tener el trabajo o los ricos ya lo habrían acaparado».

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Y sí, ya sé que se trata de saber lo que mentes superiores opinaban sobre el trabajo pero voy a hacer una excepción con Justin Bieber porque he encontrado una frase suya que me ha hecho entender por fin por qué se dedica a cantar: «Prueba ser un mal skater, un editor de vídeo sin talento o un jugador de golf torpe. Si sólo hiciéramos lo que se nos da bien no aprenderíamos nada”.

Vamos a seguir por el mismo camino con una frase de Miley Cyrus sobre cómo trabaja ella y el secreto de su éxito:» Escribo cuando duermo. No sé cómo, pero trabajo en una canción, me voy a dormir y cuando me levanto está terminada». Sin comentarios.

He buscado frases de One Direction sobre el tema pero debo decir que me ha sido imposible encontrar nada.

Para terminar me quedo con una frase de “La vida de Brian”: «Si la vida te da nueces, no te quejes, ve a por peces».