Thomas Paine y su ajetreada vida tras la muerte

El filósofo y escritor Bertrand Russell cuenta que Thomas Paine fue considerado en su época “una especie de Satán terrenal, un infiel subversivo, rebelde contra su Dios y contra su rey… Su destino fue siempre ser honrado por los pueblos y odiado por los gobiernos”

Thomas Paine.jpgPolítico, escritor, filósofo, revolucionario, … Sus ideas tuvieron enorme influencia tanto en la sociedad de su época como en siglos posteriores. Thomas Paine fue un hombre fiel a sus ideas hasta el final, defendió la libertad, la democracia, el pensamiento libre, se opuso a la esclavitud, a la religión y a la monarquía hereditaria. Y todo con un estilo directo, claro e incluso rudo. No es extraño, por tanto, que se ganara muchos enemigos.

Y no se perdió ninguna de las grandes citas históricas de su época.

Nació en Norfolk, Inglaterra, en 1737, de una familia humilde. Tuvo una juventud aventurera, trabajó como marino, industrial, recaudador de impuestos y de muchos de estos trabajos le despidieron.

En 1774 marchó a América para participar en la revolución de las colonias contra Gran Bretaña y se implicó tan a fondo que está considerado uno de los padres fundadores de Estados Unidos.

Luchó por la independencia de las colonias de muchas maneras: como soldado en el ejército de Washington, como secretario del primer Comité de Relaciones Exteriores de los rebeldes y, sobre todo, con el folleto-ensayo contra el dominio británico “El sentido común”, que publicó de manera anónima el 10 de enero de 1776. Contrariamente a la costumbre de la época, estaba escrito en un lenguaje sencillo, directo, alejado de los términos filosóficos y del latín habituales. Tuvo una enorme repercusión e influencia e inspiró a los colonos en el camino hacia la independencia. Se llegó a publicar la cifra récord de más de 120.000 ejemplares.

Tras la constitución de los Estados Unidos, Thomas Paine regresó a Inglaterra como representante del nuevo gobierno, pero tenía habilidad para enfadar a los poderosos y gusto por estar en el ojo del huracán, así que pronto se granjeó la enemistad de la aristocracia inglesa. Cuando en 1789 tuvo que escapar de Gran Bretaña, decidió viajar a Francia para participar en la Revolución Francesa. De nuevo se entregó a fondo por la causa y en 1792 fue elegido para la Convención Nacional  a pesar de no hablar francés.

En 1791 escribió “Los derechos del hombre”. En este escrito atacaba los gobiernos europeos, la monarquía, la aristocracia, … y se ganó una condena, en ausencia, en Gran Bretaña por frases como éstas:

“la aristocracia se mantiene con la tiranía e injusticia entre familias … es naturalmente inepta para dar leyes a una Nación”

 

“la que llamamos sucesión y derechos hereditarios … es imposible que la sabiduría sea hereditaria; y, por otro lado, no puede ser una sabia invención aquella que, en su práctica, comete el gobierno de una nación a la sabiduría de un idiota”

 

“Los hombres nacen y viven libres, e iguales respecto de sus derechos … La nación es esencialmente la fuente de toda soberanía, y ningún hombre o junta de hombres pueden ejercer alguna autoridad, que no derive expresamente de ella.”

Con su facilidad para hacer enemigos, Thomas Paine se granjeó en Francia uno de los peores, Robespierre, y, como era de esperar, acabó en la cárcel en 1793. Se libró de la guillotina de milagro, gracias al golpe de estado de Termidor y la muerte de Robespierre en 1794. Paine aprovechó su estancia en prisión para escribir “La edad de la razón”, una crítica a la religión y la infalibilidad de la Biblia. No es un texto ateo, sino deísta, es decir, reconoce la existencia de un Dios creador pero aduce que sólo se puede llegar a él mediante la razón.

En 1797 escribió “Justicia agraria” en el que decía que la tierra en su estado natural pertenece a toda la raza humana pero que la propiedad privada es el mejor modo de cultivarla y un derecho inalienable del propietario, a la vez que aboga por la necesidad de una renta para compensar a los que no tienen propiedades:

“un fondo nacional, del cual se pagará a cada persona, cuando alcance la edad de veintiún años, la suma de quince libras esterlinas, como compensación parcial por la pérdida de su herencia natural causada por la introducción del sistema de propiedad territorial”

Thomas Paine nunca quiso cobrar derechos por sus panfletos y durante su vida pasó serios apuros económicos. En 1802 regresó a Estados Unidos, donde muchos le ignoraron y le dieron la espalda. Falleció en Nueva York el 8 de junio de 1809.

Y sus aventuras continuaron.

Si la vida de Thomas Paine había sido de todos menos tranquila, tampoco la muerte le trajo la paz.

Para empezar el Quaker Cemetery de Nueva York se negó a enterrarle y fue inhumado en su granja de New Rochelle. Ya había caído en desgracia y al entierro asistieron solamente seis personas. La propiedad había sido un regalo que le hizo en 1784 el Estado de Nueva York en reconocimiento a los servicios prestados en la causa de la independencia.

El diario New York Post le dedicó tras su muerte unas palabras bastante injustas:

“Paine ha vivido mucho tiempo. Hizo algunas cosas bien y mucho daño, que el tiempo juzgará”

Unos años después de su muerte, en 1817, el periodista inglés William Cobbett (que escribía con el seudónimo “Peter Porcupine”, Pedro el Puercoespín) decidió que sus restos merecían mejor suerte y esa decisión hizo que los restos corrieran la peor de las suertes.

Cobbett se había convertido en el admirador y defensor más enfervorecido de Paine y concibió el proyecto de enterrar a su héroe en un mausoleo o monumento apropiado. Con tal fin desenterró y robó el cuerpo de Paine y se lo llevó a Gran Bretaña donde pensaba que le rendirían mejor trato que los ingratos americanos que no habían sabido agradecer todo lo que hizo por ellos.

En Inglaterra Cobbett preparó una exhibición del cuerpo de Paine y una suscripción pública con el fin de conseguir dinero para construirle un mausoleo. Pero había calculado muy mal la devoción de los ingleses. No tuvo ningún éxito y no consiguió ni el dinero ni el reconocimiento a Paine. Un poco a la desesperada, acudió a otros métodos menos éticos como vender algunos de los cabellos de Paine. Ni por esas.

Statue of Thomas Paine, Thetford, Norfolk.jpg

La situación fue adquiriendo tonos ridículos y llegó a inspirar canciones infantiles satíricas y hasta unos versos de Lord Byron:

“In digging up your bones, Tom Paine
Will Cobbett has done well;
You visit him on earth again
He’ll visit you in hell.”

 

“En desenterrar tus huesos, Tom Paine
Will Cobbett ha hecho bien;
Tú le visitas a él en la Tierra de nuevo
Él te visitará en el infierno”

Cuando por fin Cobbett se dio por vencido y asumió que nadie tenía interés en Thomas Paine, lo único que se le ocurrió fue guardar los restos bajo su cama. Y allí estuvieron hasta que Cobbett murió en 1839 y el legado pasó a sus descendientes. Después se pierde la pista de los restos, aunque de vez en cuando aparecía en los mercados alguno de sus trozos, por lo que se sospecha que Cobbett vendió algunos como reliquias. Incluso se dice que fue más allá y vendió huesos a los fabricantes de medicinas (eran los tiempos en que todavía se pensaba que el polvo de huesos e incluso el de momias tenía propiedades medicinales)

La cruel ironía de la historia es que Thomas Paine compartió el destino de muchos de esos santos y costumbres clericales en las que nunca creyó, su cuerpo fue troceado, dispersado y algunos restos convertidos en reliquias.

De vez en cuando aparecía alguien que decía poseer un trozo de su cuerpo.

El 14 de octubre 1905 se levantó un monumento a Thomas Paine en la que había sido su granja en New Rochelle. The New York Times de esa fecha se hace eco de los festejos que se celebraron ese día en memoria de Paine, desfile y salvas de honor incluidos, una por cada uno de los 13 estados originales.

Bajo el monumento se enterró una caja verde que contenía una parte del cráneo de Paine. Fue aportado por el Dr. Moncure D. Conway (miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras) que se lo había comprado en Londres a B. Tilley, un sastre admirador de Paine.

Con el tiempo, la “inquina” a Paine se fue diluyendo y, aunque tarde, llegaron reconocimientos. En el año 2002, la BBC realizó una encuesta en todo el Reino Unido para elaborar una lista con las cien personas que los británicos consideraban más importantes de todos los tiempos. Thomas Paine apareció en el puesto número 34.

The New York Post, el mismo diario que en 1809 había dedicado aquellas palabras tan duras a Paine tras su muerte, se hacía eco el 6 de julio de 2014 de la petición popular de cambiar el nombre de la calle Barrow Street en West Village en honor a Thomas Paine. El diario afirmaba que realizar este homenaje era de sentido común.

Thomas Paine Cottage

En Manhattan existe actualmente el Thomas Paine Park y su antigua casa en New Rochelle se ha transformado en un Museo. Allí está el monumento que marca el sitio en el que fue enterrado originalmente y donde aún estaría si no fuera por el exceso de devoción de Cobbett.


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Ada Byron Lovelace, la encantadora de números

El primer programador de la historia de la informática fue una mujer. Una mujer que vivió y murió en el siglo XIX. Augusta Ada Byron murió hace hoy exactamente 163 años (10 de diciembre de 1815 – 27 de noviembre de 1852 ) sin llegar a cumplir 37 años.

Ada Lovelace.jpgEra hija del célebre poeta romántico Lord Byron y de Anna Isabella Noel Byron, de soltera Anna Isabella Milbanke. Sus padres se separaron dos meses después de su nacimiento y la niña se quedó con su madre. Annabella había quedado muy escarmentada de su relación con lord Byron y no quería nada relacionado con el mundo de las letras, que consideraba muy dañino, así que encaminó la educación de su hija hacia el lado opuesto, las matemáticas.

Ada recibió una instrucción en matemáticas muy severa y estricta. Resultó que tenía un talento natural para los números y llegó a dominar tan bien la disciplina que años más tarde sería conocida como “la encantadora de números”.

Cuando Ada tenía 17 años conoció a Charles Babbage, con el que trabajó para desarrollar la “máquina diferencial”, que se considera antecedente del primer ordenador. Para esta máquina, Ada creó el primer programa de la historia, el primer algoritmo, el primer lenguaje de programación. Incluso se llamó a sí misma “analista”, un concepto totalmente inusitado y avanzado para la época.

Ada Lovelace tuvo intuición para prever el potencial de las máquinas. Desarrolló conceptos que hoy en día se utilizan en informática, como bucle o subrutina. Y llegó a sugerir la utilización de algo que después nos resultaría muy familiar, las tarjetas perforadas .

En 1843 Ada publicó sus notas sobre la máquina analítica, pero las firmó con solamente sus iniciales porque no era época para que una mujer escribiera tales cosas. En su momento se pensó que ella era simplemente la transcriptora de Babagge, aunque en la actualidad se sospecha que es ella quien realmente está detrás de la máquina analítica y no Babagge.

De hecho en el año 1953, estas notas fueron publicadas con el nombre completo de Ada y se reconocieron como una descripción del software de la máquina analítica.

Babbage nunca construyó su máquina, pero en 1991 el Museo de Ciencias de Londres, construyó una “máquina diferencial” basándose en sus dibujos y utilizando sólo técnicas disponibles en aquella época. La máquina funcionó sin problemas

Babbage Difference Engine.jpg

El 8 de julio de 1835, con 19 años, Ada se casó con William King, octavo barón de King, que después se convirtió en Conde de Lovelace, motivo por el cual ella ha pasado a la posteridad con el nombre de Ada Lovelace.

Ada nunca tuvo relación con su padre. Lord Byron se fue de Inglaterra apenas unos meses después de nacer ella y nunca regresó. Murió durante la Guerra de la Independencia griega en 1824, cuando la niña tenía ocho años. Sin embargo, Ada pidió ser enterrada a su muerte al lado de su padre en la Iglesia de Santa María Magdalena, en Hucknall, Nottingham. Y así se hizo.

Ada Lovelace murió de cáncer de útero el 27 de noviembre de 1852 . Una vida corta en tiempo pero larga en beneficios para posteriores generaciones.

Charles Babbage llegó a admirar y apreciar mucho su talento y, de hecho, fue él quien acuñó el apodo de “La encantadora de números”. Pero Ada no tuvo en vida el reconocimiento social que merecía, no era posible en la sociedad victoriana que le tocó vivir.

El futuro sí reconoció su importancia. En 1979 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos creó un lenguaje de programación basado en Pascal en honor de Ada Byron llamado lenguaje de programación Ada.

Y como suele ocurrir con los genios olvidados, internet pronto hizo suya la figura de esta genial mujer. Cada 14 de octubre blogs de todo el mundo se llenan de entradas sobre ella para celebrar el “Día de Ada Lovelace”, un día que nació en honor de las mujeres dedicadas a la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Fue instaurado a iniciativa de la periodista y escritora Suw Charman-Anderson.

Esther Rubio, doctora en Química y profesora de Física y Química, dedicó su TEDxTalk, en la edición de TEDxGranVía Women del 29 de mayo de 2015, a mostrar la contribución de Ada Lovelace en los orígenes de las tecnologías digitales.


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