Los inteligentes guardianes de la Torre

Los cuervos, en realidad toda la familia córvida, no dejan de sorprenderme y fascinarme. Tras escribir “Los guardianes de la Torre” he aprendido más sobre los córvidos gracias a Luis Martínez, biólogo del Área de Educación Ambiental de SEO/BirdLife.

Magpie in Madrid (Spain) 64.jpgHe aprendido, por ejemplo, que los cuervos cuando conviven con los humanos “ponen nombre” al humano.

Y que son capaces de organizarse para acosar a depredadores más grandes que ellos como gatos o búhos reales. Se dedican a perseguirles graznando en bandada y ahuyentan a sus presas, lo que tarde o temprano lleva al depredador a emigrar a otro lugar más tranquilo.

Y que los córvidos tienen incluso lo que se conoce como “cultura córvida”.

¿Realmente somos la “especie elegida”?

 


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La bóveda del fin del mundo

Excavado en lo más profundo de una montaña en el archipiélago noruego de Svalbard hay un lugar que se conoce como “Bóveda del Fin del Mundo”.

Es una bóveda subterránea construida a prueba de volcanes, terremotos, bombas nucleares y cualquier otro tipo de catástrofe natural o provocada. Su ubicación, a 130 metros sobre el nivel del mar, está calculada para que permanezca a salvo del agua incluso en caso de deshielo de los polos. Está excavada en el permafrost para que en caso de fallo eléctrico el frío natural conserve intacto su contenido.

Toda precaución es poca para mantener a salvo lo que la bóveda guarda en su interior. Algo más preciado que el oro.

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La Bóveda de Svalbard guarda semillas. Semillas de todas partes del planeta para producir cultivos en el caso de que una catástrofe arruine los campos y convierta la Tierra en un erial.

El proyecto lleva el nombre de ‘Svalbard Global Seed Vault‘, está financiado por el gobierno de Noruega y mantenido por el Global Crop Diversity Trust integrado por diferentes asociaciones y fundaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates.

La Bóveda de Svalbard se inauguró el 26 de febrero de 2008 y almacena cerca de 900.000 semillas. Todavía queda sitio para muchas más ya que es capaz de almacenar más de 4’5 millones. Funciona de manera similar a un Banco, Noruega es la propietaria de las instalaciones pero los países que lo deseen pueden almacenar sus semillas allí y cada país es propietario de las semillas que deposita y el único que puede retirarlas llegado el momento.

Hasta ahora la bóveda se ha abierto solamente una vez. En el 2015 Siria retiró parte de sus semillas para paliar la devastación que la guerra está causando en sus campos, tan grande que ni su propio Banco, el Banco de Semillas de Alepo, daba ya abasto.

Svalbard es el almacén de semillas más grande y conocido del mundo pero no es el único, prácticamente todos los países cuentan con su propio Banco de Germoplasma, que es como se llaman oficialmente este tipo de depósitos.

En Madrid también existe un Banco de Semillas. Es una excavación subterránea construida bajo el invernadero desértico del Real Jardín Botánico de Madrid y forma parte de sus instalaciones.

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El Banco del Real Jardín Botánico de Madrid tiene un objetivo diferente al de Svalbard, en este caso se trata de garantizar la supervivencia de la flora silvestre. De salvaguardar las semillas destinadas a la producción agrícola se encargan otros organismos gubernamentales como el INIA, Instituto de Investigaciones y Tecnología Agraria y Alimentaria.

El Banco de Madrid recoge semillas de la flora madrileña y de toda la península para poder reintroducirlas en los campos en caso de extinción, de hecho, guarda semillas de algunas especies que ya han desaparecido o están desapareciendo. Nuria Prieto es la Responsable del Banco de Germoplasma del Real Jardín Botánico de Madrid.


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Sputnik
59 años de la conquista del espacio

Hace hoy justamente 59 años, un extraña bola de aluminio de 58 cm de diámetro y 83 kg de peso de la que emergían cuatro largas antenas de casi 3 metros de longitud, salió de la Tierra rumbo al espacio y se quedó orbitando la Tierra a una distancia de 938 km en su apogeo y 214 km. en su perigeo.

Se le había puesto el nombre de Sputnik 1 y fue el primer satélite construido y puesto con éxito en órbita alrededor de nuestro planeta. Allí estuvo durante 92 días.

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El Sputnik 1 fue lanzado el 4 de octubre de 1957 por la Unión Soviética desde el Cosmódromo de Baikonur.

Envió a la Tierra por radio datos sobre la densidad de las capas altas de la atmósfera y la propagación de ondas de radio en la ionosfera. El interior de la esfera estaba relleno de nitrógeno a presión para detectar posibles impactos con meteoritos en su superficie (lo que producirían una pérdida de presión que podría ser detectada)

El 3 de enero de 1961 cayó atrapado la gravedad terrestre después de completar 1 400 vueltas alrededor de la Tierra.

Fue el principio de una gran aventura. Le seguiría el Sputnik 2, que además, llevaba un ser vivo en su interior: la perrita Laika.


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